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Archive for the ‘Sociología’ Category

Dicen que, entre los lugares más bellos del mundo, se encuentran las  Cataratas de Iguazu.  Mi cuñado Kiko, que tuvo la suerte de visitarlas durante su viaje de luna de miel me contaba que:   ”es una de las caídas de agua más hermosas de la naturaleza, un paisaje que deslumbra en la frontera entre Brasil y Argentina”.

Mientras Kiko, muy apasionado, avanzaba en el relato de su experiencia en este maravilloso lugar del planeta, casi podía trasladarme al mismo escenario y su entorno. Durante unos minutos me sentí sumergido bajo el caudal del río Iguazú; dando paseos en lancha bajo los saltos, caminando por sus senderos y apreciando a los animales de la selva semitropical…

Apuramos el último sorbo de café, nos dimos un abrazo y nos despedimos hasta la próxima.

He tenido la oportunidad de visitar algunos lugares muy hermosos en mi vida. Tengo años y canas suficientes para dar fe de ello. Viajar en nuestros tiempos está casi al alcance de cualquiera, aunque sea solo por una vez en toda nuestra existencia, y ya casi nadie se escapa a la oportunidad de encontrar la belleza y la paz en algún lugar del mundo. Encontrarnos allí es como ver cumplidos nuestros sueños; nuestros anhelos más íntimos; es como hallarnos a nosotros mismos. Contemplar el paisaje y observar el mágico reflejo de un espejo que nos confronta con lo mejor de nosotros; con esa búsqueda interminable tras la que, como seres humanos, andamos toda nuestra vida.

Anoche sucedió algo que me hizo replantearme donde se encuentra la auténtica belleza; la paz del alma; los buenos sentimientos; el corazón limpio y sin mancha. Y lo encontré en el lugar que menos imaginaba hallarlo.

Me despedía de un niño de apenas seis años, fui a darle un beso de buenas noches y a decirle que cuidara a su mamá, se portase bien con ella y fuera buen chico. Nunca podré borrar de mis ojos su mirada. Me contempló con la limpieza que solo se puede observar en los ojos de un niño de corta edad, con mucha ternura; pude sentir cariño y un profundo afecto entre ambos. Era como un lazo que nos unió durante apenas unos segundos. Me hubiera detenido en sus ojos eternamente.

Una de mis canciones favoritas es del cantante Steven Curtis Chapman, quien junto a su mujer, es fundador de una casa de acogida para niños abandonados. La letra traducida dice algo así: “He tratado de buscar muchos tesoros en la tierra. Y algunos de ellos sólo se han deslizando entre mis dedos como la arena. Pero hay un tesoro que significa algo más que la respiración misma. Así que me aferraré a el con todo lo que soy”.

No necesito seguir mi búsqueda; llegar al lugar más alto del planeta, ni tampoco al más hermoso. Porque anoche lo encontré: y fue en la mirada de un niño.


Miguel Castro

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Martin Luther King dijo: “Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda”.  Estas palabras del uno de los líderes más influyente del siglo XX (premio nobel de la paz 1964). Pastor protestante, quien desarrollo una labor activista y política como defensor de los derechos civiles de los afroamericanos y participó en protestas contra la guerra de Vietnam, la pobreza y las diferencias entre las desiguales clases sociales, no dejan a nadie indiferente al ser escuchadas casi medio siglo después de ser pronunciadas.

Y es que parece que, la cíclica social y política en estos tiempos que nos están tocando vivir, nos devuelve una y otra vez a un mismo escenario: el de la falta de compromiso con el trabajo en lo público; el menoscabo de la prosperidad en base al esfuerzo y la sutileza; y la falacia de la evolución de lo social y económico en base a la especulación.

En este contexto, en el cual la ciudadanía ha perdido todo interés en la política; en quienes la representan y en que los políticos sean capaces de generar soluciones a la crisis que sufre la sociedad español,  ignorando -no sé si de manera consciente o no- que el abandono de la responsabilidad política lo es también de nuestro futuro.  En palabras – otra vez de Martin Luther King- “Da tú primer paso con fe, no es necesario que veas toda la escalera completa. Sólo da tú primer paso”.

La cuestión de fondo es que estamos esperando a que sean otros los que “doblen la espalda”; los que “den el primer paso” en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad implicándonos responsablemente.

Un antiguo dicho castizo dice que, España es el único país del mundo donde es fácil “observar a uno trabajando y a diez mirando”. Y, ¿adivinan sobre qué conversan -de seguro animadamente- los diez observantes? ¡De cómo lo harían ellos mejor!

Theodor Roosevelt decía que: “siempre se debe preferir la acción a la critica”. En lo personal creo que ha llegado el tiempo de remangarnos la camisa; hacer uso de nuestra responsabilidad como ciudadanos y ejercer nuestro derecho a trabajar desde lo público en el interés de todos. Siempre dije lo mismo y hoy me reafirmo en ello: estoy en política porque me preocupa que tipo de educación reciben mis hijos en las escuelas; porque deseo una ciudad donde mi familia viva en seguridad; porque deseo que mis impuestos se inviertan de forma coherente y que protejan a los más desfavorecidos y porque creo que otra forma de hacer política, hoy más que nunca, es necesaria. Y no la concibo otra forma, sino desde la honestidad, el trabajo en equipo y el esfuerzo.

Termino este post, como comenzó, con una cita de Martin Luther King: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”.

Mike Castro

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La neuropsicologa Kathleen Taylor explica cómo se produce la alineación del hombre maltratado y cómo podríamos poner freno a una situación que cuando se enquista tiene todos los visos de ser realmente difícil de reconducir a tiempo.

Según Taylor, la manipuladora aísla a su víctima, la aleja de sus seres queridos y de su entorno. Las creencias de la víctima, en principio, son las de siempre pero no hay nadie que las reafirme. Si la manipuladora además controla todo lo que la víctima ve, oye y piensa a través de mensajes repetidos, el aislamiento antes referido, etc…, entonces la identidad del sujeto se verá debilitada. Esto que suena tan terrorífico es bastante común en muchas parejas, ya que la mujer por sus características psicológicas y evolutivas posee un cerebro programado para el control de su hogar y su entorno familiar.

No se trata de una actitud “premeditada”, sino simplemente un modo adquirido evolutivamente para la supervivencia de su “camada”. Aquí la víctima debe identificar las primeras señales y advertir a su pareja de que su familia y sus amigos son una parte esencial, al igual que ella, de su vida y que por tanto no aceptará renunciar al contacto de con ellos.

Bien, pues una vez la víctima está debilitada la manipuladora pone en duda las creencias de la víctima, le crea incertidumbre y por tanto estrés. Nuestro cerebro nos permite resistir a influencias externas, pero es muy vulnerable a situaciones prolongadas de intenso estrés, por lo que es fácil terminar cediendo. En estas circunstancias se bloquea la capacidad del cerebro de la víctima para pararse y pensar en lo que está pasando, sino que se produce una especie de “huida hacia delante”. Por tanto si la víctima duda de sus creencias, necesita alternativas, el cerebro automáticamente busca alternativas… y allí está la manipuladora para ofrecerle nuevas creencias diseñadas a su gusto y forma.

El mensaje de la manipuladora será simple corto y constante y la víctima responderá a él sin pararse a pensar.

Identificar estas frases y ser conscientes de ellas supone sin duda un paso importante a la hora de frenar las consecuencias nefastas sobre el hombre. De por si el hombre tiene la condición de ceder y plegarse ante las exigencias de la mujer, de tal manera que transmite un sentimiento de culpabilidad en todo lo que hace. Ese sentimiento de culpabilidad a su vez es sinónimo de debilidad, y en ocasiones esta “debilidad” es aprovechada por sus parejas para hacerles daño psicológico y chantaje emocional. Creemos que hoy en día el 74% de los hombres sufren algún tipo de chantaje emocional por parte de sus parejas; depende de la capacidad de “negociación” de cada uno de ellos que ese chantaje sea anecdótico o se convierta en una fuente de futuros problemas de pareja.

Fuente: Asociación de Hombres Maltratados

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Quiero compartiros esta historia sobre quien llegara a ser uno de los oradores más relevantes de la historia: Demóstenes.

El joven Demóstenes soñaba con ser un gran orador, sin embargo este propósito parecía una locura desde todo punto de vista.

Su trabajo era humilde, y de extenuantes horas a la intemperie.

No tenía el dinero para pagar a sus maestros, ni ningún tipo de conocimientos. Además tenía otra gran limitación: era tartamudo.

Demóstenes sabía que la persistencia y la tenacidad hacen milagros y, cultivando estas virtudes, pudo asistir a los discursos de los oradores y filósofos más prominentes de la época. Hasta tuvo la oportunidad de ver al mismísimo Platón exponer sus teorías.

Ansioso por empezar, no perdió tiempo en preparar su primer discurso.

Su entusiasmo duro poco: La presentación fue un desastre.

Fue un gran fracaso. A la tercera frase fue interrumpido por los gritos de protesta de la audiencia:

– ¿Para qué nos repite diez veces la misma frase? -dijo un hombre seguido de las carcajadas del público.

– ¡Hable más alto! -exclamó otro-. No se escucha, ¡ponga el aire en sus pulmones y no en su cerebro!

Las burlas acentuaron el nerviosismo y el tartamudeo de Demóstenes, quien se retiró entre los abucheos sin siquiera terminar su discurso.

Cualquier otra persona hubiera olvidado sus sueños para siempre. Fueron muchos los que le aconsejaron -y muchos otros los que lo humillaron- para que desistiera de tan absurdo propósito.

En vez de sentirse desanimado, Demóstenes tomaba esas afirmaciones como un desafió, como un juego que él quería ganar.

Usaba la frustración para agrandarse, para llenarse de fuerza, para mirar más lejos. Sabía que los premios de la vida eran para quienes tenían la paciencia y persistencia de saber crecer.

– Tengo que trabajar en mi estilo.- se decía a sí mismo.

Así fue que se embarcó en la aventura de hacer todo lo necesario para superar las adversas circunstancias que lo rodeaban.

Se afeitó la cabeza, para así resistir la tentación de salir a las calles. De este modo, día a día, se aislaba hasta el amanecer practicando.

En los atardeceres corría por las playas, gritándole al sol con todas sus fuerzas, para así ejercitar sus pulmones.

Más entrada la noche, se llenaba la boca con piedras y se ponía un cuchillo afilado entre los dientes para forzarse a hablar sin tartamudear.

Al regresar a la casa se paraba durante horas frente a un espejo para mejorar su postura y sus gestos.

Así pasaron meses y años, antes de que de que reapareciera de nuevo ante la asamblea defendiendo con éxito a un fabricante de lámparas, a quien sus ingratos hijos le querían arrebatar su patrimonio.

En esta ocasión la seguridad, la elocuencia y la sabiduría de Demóstenes fue ovacionada por el público hasta el cansancio.

Demóstenes fue posteriormente elegido como embajador de la ciudad.

Su persistencia convirtió las piedras del camino en las rocas sobre las cuales levantó sus sueños.

 

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No hace demasiado tiempo pude comprobar, no sin sorpresa, como el que sabe comparte. Me explicaré: coloqué un enlace en mi muro en Facebook promocionando una página en Internet. Poco después evidencié como mi post original fue compartido por uno de mis amigos en FB, Ana Martinez. La curiosidad me llevó a investigar hasta donde podía llevar esa línea, y pronto descubrí, que el enlace de Ana fue inmediatamente compartido por uno de sus amigos en red, quien a su vez compartió con otro de los suyos, que igualmente compartió con otro…

Animado por la misma curiosidad, decidí sumar los amigos de todos los que compartieron el mensaje original que posteé ese día en mi muro: el total era de dos mil cuatrocientos sesenta y siete (2.467). Esto significa que el anuncio sobre la nueva página en Internet había llegado al menos a 2.467 páginas de inicio de diferentes personas en Facebook. Impresiona, ¿no?

Convirtamos esto a escala, estamos haciendo “juegos de malabares”,  lo sé. ¿Y si en lugar de ser compartido por cinco personas, el mensaje lo hubieran compartido, por ejemplo, cincuenta personas? ¿Cuál hubiera sido el resultado? La lógica de las matemáticas nos dice que al menos veinticinco mil personas hubieran leído en su página de inicio de Facebook que hay una nueva página en Internet.

Los partidos políticos gastan auténticas fortunas en publicidad para hacer llegar sus propuestas a la ciudadanía; anuncios en televisión, campañas en radio, Internet, carteles y folletos, además del esfuerzo humano pocas veces recompensado.

Pero estamos en una nueva era; un tiempo en el que Internet y las nuevas tecnologías están permitiendo que el ciudadano de a pie alcance su máximo potencial convirtiéndose en protagonista de un mensaje a comunicar. Me hago una pregunta: ¿Qué sucedería si cada uno de los afiliados a un partido político que tenemos presencia en una red social colgásemos en nuestro muro la frase “Somos La Alternativa”? ¿A cuántos miles, o decenas; o cientos de miles de personas llegaríamos con este simple mensaje en un post? Y además, ¡no costaría dinero!

Esto no lo he inventado yo; hace algo más de dos mil años lo concibió alguien sin acceso a un ordenador ni teléfono móvil. El escenario era una playa con más de tres mil personas hambrientas;  únicamente disponía de cinco panes y tres peces en la alforja. Los discípulos estaban asustados, ¿qué haremos, maestro, cómo daremos a tantos miles de comer? Jesús fue rotundo, les entregó los panes y los peces y les dijo: “dadles vosotros de comer”.

Este mismo milagro puede suceder hoy si nos atrevemos a compartir nuestro mensaje. Ahí fuera hay una sociedad “hambrienta” de justicia social, esperando oír auténticas propuestas de cambio. ¿Qué vas a hacer tú con los panes y los peces que tienes en tu mano?

 

Mike Castro

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¿CUANTO VALES?

¿Te has preguntado alguna vez cuánto vales? La tasación de un riñón, un pulmón o una córnea, están a la orden del día. Los precios oscilan entre quince mil y un millón de euros por órgano. Últimamente proliferan los anuncios del tipo: “vendo un riñón para pagar mi hipoteca” o “se ofrece medula a cambio de trabajo”.

Hace unos días, un padre de familia en paro, ofrecía cualquiera de sus órganos: un pulmón, un ojo, lo que fuera -decía en televisión-, a cambio de un puesto de trabajo para dar de comer a sus hijos. Parece que la fuerte crisis económica de los últimos años está llevando a personas a tomar decisiones realmente extremas.

Ya sea que paseemos por cualquiera de las grandes avenidas en nuestras ciudades; que tomemos el metro en hora punta; que acudamos a un partido de final de liga; que vayamos al parque de atracciones un domingo… como digo, ya sea que nos encontremos en cualquiera de esas circunstancias y/o eventos, estamos en disposición de cruzarnos con miles, o seguramente decenas de miles de personas, que parecen insignificantes entre tanto tumulto. Pero el hecho cierto es que cada una de ellas; cada uno de nosotros, tenemos un valor realmente desconocido.

Estamos en disposición de “tasar” el valor de nuestros propios órganos humanos pero, ¿podemos, igualmente, poner precio al alma? ¿Cuánto vale para una madre parir y ver por primera vez la carita de su hijo? ¿Cuánto vale el padre de familia que se levanta a las cinco para ganarse el pan de los suyos? ¿Cuánto vale, el momento exacto de un “si, quiero”, de dos que se aman? ¿Cuánto valen los desvelos de unos padres cuando un hijo enferma? ¿Cuánto vale la sonrisa de un niño? ¿Cuánto vale un sábado de barbacoa con los mejores amigos? ¿Cuánto vale…?

Creo que, este mundo tremendamente materialista que ha decidido ponerle un precio a todo, nos está alejando de lo que es realmente importante: cuánto valgo realmente, y por qué.

 

Mike Castro

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Estos son los tiempos que nos han tocado vivir: los de la Coca-Cola Zero; los de Nike; los de Google o los de Apple entre tantos otros… ¿qué voy a decir yo? ¡Si me encantan mis zapatillas Nike y no podría vivir sin mi iPhone!

Lo cierto y verdad -parafraseando a Iker Jiménez- es, que la influencia del concepto de “marca” está literalmente arrasando en este comienzo de siglo. Y las preguntas lógicas parecen ser, ¿qué hay detrás de los mismos? ¿Por qué millones de personas en el planeta vivimos abducidos por estilos de vida o de pensamiento que no son los nuestros?

Creo sinceramente que, en alguna forma, la “abducción de marca” -vamos a llamarle así- responde a la necesidad humana de adherirse a un grupo o colectivo social, a la vez que -involuntariamente en la mayor parte de los casos- implica una incoherente hipocresía personal. Y pongo sólo un ejemplo: en este país, donde más sentimiento antiamericano hay, arrasan sus películas, sus bebidas gaseosas, sus marcas de moda, sus músicos, etc., y esto no es una novedad para nadie.

Pero la “abducción de marca” alcanza sus niveles óptimos en los grupos sociales, ya sean estos políticos o religiosos. Proliferan en Facebook los perfiles de adeptos a los mismos. Si eres del partido político tal y tal, la mayor parte de tus amigos, comentarios, etc., estarán “abducidos por la marca”; si participas de la religión tal y tal, el patrón se repetirá, sólo que con diferente vocabulario. ¿Las consignas? Siempre las mismas: las establecidas desde el Departamento Comercial de Abducidos por la Marca de turno.

En estos días siento la necesidad de hacer autoexamen, porque yo mismo he sido victima en un pasado reciente de una abducción voluntaria. Cada día más, en este mundo globalizado en el que estamos inmersos, precisamos desarrollar nuestra propia marca registrada; ser nosotros mismos, y no dejarnos abducir por marca comercial, política, religiosa o sea cual fuera. Porque sea cual fuere su nombre, sus fines y métodos son los mismos. ¿Estoy diciendo con esto que uno no debe participar de un partido político, comulgar con una religión o pertenecer a un colectivo social determinado? Rotundamente no. Lo que digo es que, debemos aprender a desarrollar criterio propio, a debatir en los espacios que tenemos para ello, a defender nuestras ideas donde corresponda, y a generar una auténtica identidad única.

A nivel personal, disfruto de una fe de la que no me avergüenzo, estoy afiliado a un partido político al que apoyo, y además, ¡soy un fanático de Apple! Pero ninguna de estas cosas implican un cheque en blanco para ellos. Todavía recuerdo cuando mi hijo menor, teniendo muy pocos años me dijo “no estoy de acuerdo contigo, papá”. No me enfadé, le argumenté, le hice pensar, pero sobre todo le admiré por tener el coraje de atreverse a pensar por si mismo.

Quizá los tiempos de humanos robotizados y automatizados por la abducción de las marcas no han hecho sino comenzar; confío que no. Mientras tanto yo he decidido pensar…

 

Mike Castro

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